Hay muchos dueños que las recogen, otros no. Son toneladas de heces de perro que deberían usarse en bien de la ciudad, con un adecuado tratamiento y mucha cultura cívica.
Sentado en las mesas exteriores de un restaurante de la colonia Condesa en la CDMX, tratando de no ver la pantalla del celular, contemplo el interminable desfile de personas y mascotas que transitan por esta bonita zona, tan llena de jóvenes parejas y sus “perrhijos”.
Hay grandes Pastores Alemanes, Huskies de esos que saben hablar, montones de Schnauzers, Poodles y una cantidad notoria de Chihuahuas. También hay uno que otro adoptado, porque la conciencia se va propagando. Es una zona en donde la gente no olvida llevar su discreta bolsita para recoger los desechos de su perro. Cuando la mascota descubre ese punto ideal y se sienta con cara de “qué me ven” a hacer lo suyo, el dueño rápidamente recoge la heces y prosigue su camino.
Si todos fueran así… pero no. Las heces de nuestras mascotas y de sus pares callejeros siguen siendo un gran problema para las ciudades mexicanas. Son enormes focos de infección y suciedad. Si las mencionadas bolsitas no terminan en los lugares adecuados, duplican el problema, al obstruir alcantarillas con heces solidificadas, que se deben retirar hasta con martillo y cincel.
No hay muy buenas cuentas sobre las mascotas en México. Según la Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado (Enbiare) hacia 2021 había unos 80 millones de mascotas en 25 millones de hogares mexicanos, de los cuales 43.8 millones eran perros. Entenderíamos que aquí no se incluye a los animales callejeros. Los cálculos para la CDMX van de 1.2 a 3 millones de canes, por lo que, si se estima que un perro nos regala al día 480 gramos de heces, el estimado sería de entre 600 y 1,500 toneladas cada día.
De cualquier modo, hay que saber qué hacer con los desechos de nuestros perros, para no seguir siendo parte del problema. Por ejemplo, además de obligarse a recoger las heces (de hecho hay hasta penas de arresto en la CDMX si no lo hacen), los dueños deben asegurarse de mandarlas a los desechos orgánicos, directamente, sin bolsa. El plástico se vuelve un problema en el relleno sanitario, creando verdaderas bombas fétidas y retrasando el proceso de descomposición.
Hay quien opta por echarlos en el WC, lo cual suena congruente, pues las aguas negras deben tener un tratamiento común, sean de quien sean. Sin embargo, no es tan recomendable porque las heces de la mascota normalmente tienen muchas más diversas bacterias y parásitos, que podrían pasar a la familia si no se desinfecta ell inodoro.
Ahora bien, si tienes ánimos, hay cosas más creativas qué hacer con las heces de tus mascotas. Consultando la web, vas a encontrar sitios que aconsejan que no lo hagas, y sitios que dicen que sólo debes hacerlo correctamente: me refiero a usarlos para hacer composta. Si tienes el espacio y la dedicación para instalar una compostera, al parecer hay métodos y técnicas que permiten procesar aún estos desechos, sin el peligro de hacer llegar algo malo al abono generado. Al parecer las lombrices rojas californianas son buenas para este tratamiento.
Ahora bien, una solución más eficaz, puede ser llevar tus residuos a donar al Parque Nacional Fuentes Brotantes, donde te espera un área verde espectacular, pero también 12 composteras a donde puedes depositar los desechos, siguiendo las instrucciones del programa Patitas que Nutren. Sí, desgraciadamente éste privilegio es un tanto centralista, pero hay que tomar este ejemplo para promover lo mismo en otras ciudades del país.
Finalmente, una gran solución que no hemos podido aprovechar y que sería magnifica sería la creación de biogas. Con la inversión adecuada, todas estas toneladas de popó podrían abastecer las necesidades energéticas de crecientes sectores de la población. De acuerdo con la Asociación Europea de Biogas, hoy se producen en el viejo continente 22 billones de metros cúbicos de biogas y biometano, que equivalen al ahorro de 60 millones de toneladas de bióxido de carbono liberado a la atmósfera.
Hoy México tal vez llegue a unas 240 de plantas y produzca 64 millones de metros cúbicos de biogas, según proyecciones de la Red Mexicana de Bioenergía. Lo poco que se genera apenas acaba para autoconsumo en algunas zonas de producción agropecuaria.
Todo indica que nuestros perritos sólo van a aumentar su número en los próximos años. Debería haber filas para invertir en un negocio que aprovechara tanta, pero tanta energía.
