Por: Diego Ymay

A finales de la década de los 40, el químico Fritz Stastny (1908 -1985) trabajaba en un laboratorio   de la empresa alemana BASF buscando nuevos compuestos poliméricos que pudieran ser utilizados como aislamiento para cables.

En uno de sus experimentos, puso a reaccionar una solución de estireno, catalizadores y “éter de petróleo” en una lata hermética (se dice que era de grasa para zapatos). Al terminar la reacción, encontró un compuesto transparente y duro dentro de la lata. Con estas características, todo apuntaba a que fuera poliestireno cristal (GPPS), un polímero bastante conocido para ese entonces, así que Fritz lo colocó en una campana de secado para posteriormente analizarlo con mayor detalle. 

Al día siguiente, cuando Fritz regresó al laboratorio y revisó su muestra, se encontró con algo que definitivamente no esperaba. En lugar del disco del supuesto poliestireno cristal que había producido un día antes, había una especie espuma rígida de más de 20 cm de alto. Todo indicaba que, con el calor de la campana de secado, se habían evaporado los componentes del éter de petróleo “inflando” el poliestireno y generando esa espuma plástica.

 ¡Así nació el EPS!

Sin la intención de producirlo, el químico Stastny dio al mundo un polímero con innumerables aplicaciones y una sola característica distintiva: la capacidad de crecer más de 50 veces tu tamaño original.

Parece trivial, pero el poder expandirte tanto y mantener ciertas propiedades mecánicas tiene mucha utilidad en nuestro día a día. Si fueras una pieza hecha de EPS, estarías compuesto por casi 98% de aire atrapado en millones de pequeñas cavidades. Esto te hace muy ligero. Eres tan ligero que pueden integrarte en el diseño de las losas, haciendo construcciones más ligeras y que requieren menos acero y concreto para tener la misma integridad. 

Tener tanto aire encapsulado también te hace muy bueno amortiguando impactos. ¿Dónde lo podemos aplicar? ¿Qué tal protegiendo algún producto costoso como una televisión de 80 pulgadas? ¿O qué tal protegiendo algo todavía más valioso? ¿Sabías que la mayoría de los cascos de bicicleta y motocicleta tienen en su interior EPS?

Finalmente, pero no menos importante, eres un excelente aislante térmico. Esta característica la se aprovecha en muchos ámbitos de nuestra vida. Desde poder tomar un atole en la calle sin quemarnos la mano o llevar bebidas a la playa y que se mantengan frías, hasta transportar un órgano en las condiciones necesarias para que pueda ser trasplantado con éxito y salvar una vida o mitigar la huella de carbono de un rascacielos al reducir la cantidad de toneladas de aire acondicionado (o calefacción) que se requieren para mantenerlo confortable. 

Desde sus primeros años, las propiedades del EPS se fueron aprovechando en aplicaciones de alto valor agregado, aumentando así la demanda global de este material.  Se estima que tan sólo 20 años después de su descubrimiento, ya se habían vendido 1 millón de toneladas a nivel mundial y para 2020, la capacidad instalada de producción de EPS era de cerca de 12 millones de toneladas por año. 

Con 70 años cumplidos las aportaciones de EPS están lejos de terminar. En el 2020, el EPS dio un paso al frent,e de cara a uno de los retos más importantes que la humanidad ha enfrentado en los últimos años: transportar la vacuna contra el COVID-19 a nivel mundial.

Afortunadamente, el EPS cumple con todos los requerimientos que esta titánica labor exige: 

  • Es ligero: Porque se transporta en avión.
  • Es aislante térmico: Porque se debe mantener la vacuna en temperaturas que llegan hasta los – 70°C por periodos de hasta 5 días.
  • Absorbe impactos: Porque las vacunas deben llegar sin daños a su destino.
  • Reusable o reciclable: Porque en muy poco tiempo se moverá mucho material a muchos países, se debe minimizar la huella de esta operación.

Sin duda hay materiales que tienen mejor desempeño en cada uno de estos rubros, sin embargo, ninguno conjuga todos los atributos en una solución única, rápidamente disponible en todos los continentes, con una trayectoria probada por muchos años y capaz de ser reutilizado o reciclado de manera sencilla. 

Siendo el EPS un material 100 % reciclable y tan versátil que puede mantener nuestro café caliente y nuestras vacunas frías, podemos esperar que este inesperado descubrimiento siga aportando valor a nuestras vidas por muchos años más.

Diego Ymay
Gerente Comercial para México, Centroamérica y el Caribe para Styropek México, S.A. de C.V. Con 14 años en la industria petroquímica (10 años en posiciones directamente ligadas al EPS), en áreas como ventas, innovación, cadena de suministro y marketing estratégico.

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