El unicel tiene un nuevo segundo uso, y podría ser el más valioso. El poliestireno expandido tiene características positivas que pocos materiales son capaces de reunir: ligereza, resistencia, inocuidad, protección térmica, amortiguamiento y resistencia a la humedad. Habría que agregar su costo bajo, un factor increíblemente importante para la sociedad mexicana.
El unicel es reciclable, y está en proceso de conformar un mercado secundario eficiente, que permita aprovechar su versatilidad en nuevas aplicaciones a lo largo de dos, tres o más vidas útiles. Pero hay que estar atentos: los avances de la investigación en materiales están encontrado aplicaciones que podrían convertir a este material en una auténtica mina de oro, al convertirlo en un componente electrónico.
De reciclado a “upcycling”
A fines de 2024, un equipo de investigadores de la Universidad de Delaware, liderado por la profesora Laure Kayser, descubrió una forma de transformar el unicel en un material electrónico de alto valor. Esto en lenguaje de producción se llama “upcycling”, porque ya no se trata de reutilizar el material original en una segunda o tercera vuelta, sino de transformarlo nuevamente en una materia prima.
El objetivo de los científicos era fabricar un polímero llamado PEDOT:PSS. Este no es un plástico común; el nombre es horrible, pero es un material especial que puede conducir electricidad y también interactuar con señales biológicas. Se usa habitualmente en:
- Paneles solares.
- Pantallas táctiles.
- Sensores biomédicos (como los que miden el ritmo cardíaco).
- Transistores orgánicos.
Pues bien, resulta que el poliestireno es químicamente muy parecido a una parte del material electrónico (el PSS). Para transformarlo, los científicos utilizaron un proceso llamado sulfonación.
Imagina que el plástico es una cadena larga de bolitas. La sulfonación consiste en “pegar” un grupo químico específico (ácido sulfónico) en cada bolita de la cadena. Normalmente, esto requiere químicos muy agresivos y peligrosos, o procesos que dañan la cadena del plástico.
Sin embargo, el equipo encontró un reactivo “suave” pero eficiente llamado [Dsim]Cl, el nombre completo es impronunciable, pero no es tan raro. Tras meses de pruebas con diferentes temperaturas y tiempos, lograron la receta perfecta para transformar el conocido unicel en un material electrónico funcional, sin destruir sus propiedades.
Para probar que su “plástico reciclado” era tan bueno como el nuevo, los investigadores fabricaron dos dispositivos:
1. Células solares de silicio, mismas que lograron convertir luz solar en electricidad con éxito.
2. Transistores electroquímicos: Dispositivos que podrían usarse en medicina para detectar señales en el cuerpo.
El resultado es que el polímero funcionó exactamente igual de bien que el material comercial, que se compra caro en los laboratorios. Esta es una gran noticia, porque el avance tiene tres beneficios principales: Sostenibilidad, al dar una segunda vida al poliestireno expandido, y por tanto ampliar sus posibilidades de entrar en la economía circular.
Eficiencia, porque el método permite controlar con precisión cuánta “modificación” se le hace al plástico, lo que ayuda a personalizarlo para otros usos. como filtros de agua o celdas de combustible.
Menos desperdicio, porque a diferencia de otros métodos químicos, este utiliza las cantidades exactas de ingredientes, generando muy pocos residuos adicionales.
Nuevamente, se demuestra cómo lo que para unos es “basura” para otros es un tesoro. El entorno de prohibición de materiales sólo limita la imaginación y la investigación. Si en lugar de prohibir, el gobierno alentara la investigación de materiales, descubriríamos que estamos sentados en una verdadera fuente de riqueza.
