En colaboración con Gerardo Pedra, representante de la iniciativa Recicla Unicel.
No importa que el Senado de la República se haya tomado hasta el último día del Periodo
Ordinario de Sesiones para aprobar la nueva Ley General de Economía Circular (LGEC), que
ya venía aprobada por la Cámara de Diputados.
Habrá que festejar un poco más este mes de diciembre, porque la nueva ley es un paso
histórico que redefine cómo producimos, consumimos y gestionamos los materiales. Esta
ley reconoce el valor de recuperar, reciclar y valorizar residuos, estableciendo un marco
regulatorio para hacerlo. Se aparta del simple prohibicionismo, que no estaba
beneficiando a nadie.
Esta nueva ley establece un nuevo piso institucional para la circularidad. Cuenta con
fortalezas como obligar a que la federación, los estados y municipios se coordinen entre sí
para emitir leyes y reglamentos para el manejo de residuos. Para que la circularidad sea
una realidad, debe haber coherencia, no puede haber grandes variaciones de un estado a
otro, por ejemplo, porque resultaría impracticable. También la ley marca cómo debe
existir cooperación entre quienes producen, recolectan y valorizan los materiales, y de
todos ellos con la autoridad.
A través de esta ley Se establecen metas, trazabilidad y mecanismos concretos de
recuperación, reciclaje y valorización, haciendo todo el proceso más sostenible y
transparente. Esto se puede traducir en soluciones reales y no prohibiciones de corto
plazo, también incentiva la innovación tecnológica y estimula la creación de nuevos
modelos de negocio. Potencializar mercados de reciclaje y revalorización es una forma de
crear empleos regulares, de esos que no abundan en México.
Quien pueda demostrar circularidad y sustentabilidad ambiental tendrá mejor reputación.
La ley obliga a impulsar campañas de educación en consumo responsable, separación de
residuos y cultura cívica, fortaleciendo a la sociedad.
Representa una transformación profunda y nos debe recordar que ninguna ley, por
completa que sea, se implementa sola. La nueva LGEC reconoce que la industria ya ha
avanzado con instrumentos clave, como los planes de manejo de residuos, los cuales han
demostrado ser soluciones efectivas para impulsar la circularidad.
Estos planes establecen procesos transparentes, permiten la trazabilidad a lo largo de
toda la cadena de valor y generan información valiosa sobre los impactos ambientales y el
aprovechamiento de los residuos. Son, en la práctica, mecanismos que ya funcionan y que
deberán integrarse y fortalecerse bajo el nuevo marco regulatorio, asegurando que la
transición hacia la economía circular se construya sobre bases técnicas sólidas y
experiencias comprobadas.
La Ley es un gran paso. pero su impacto dependerá de lo que ocurra a partir de ahora:
reglamentos claros, infraestructura adecuada, sistemas de acopio y reciclaje,
financiamiento y una participación responsable y corresponsable de todos.
La aprobación de esta ley marca sin duda un antes y un después, pero no olvidemos que la
circularidad no se logra con un decreto, se construye día a día y con la participación de
todos los mexicanos. Es un trabajo que apenas comienza.
