La concienciación de este problema es una actividad que hoy día debe de ser prioritaria, automóviles, sirenas, industria y, sobre todo, la mala planeación en la urbanización, hace que nuestro día a día este lleno de esta contaminación ambiental, mejor conocida como ruido. Estamos tan acostumbrados a él, que resulta ya en momentos imperceptible, cotidiano.

El ruido es un sonido, o la mezcla de varios, que nos resultan molestos; produce efectos fisiológicos y psicológicos en las personas, obviamente dependiendo en cierta forma del grado de sensibilidad.

Las personas que viven en grandes ciudades a veces no tienen conciencia del daño que estos sonidos generan, pues, aunque no consiga afectar la capacidad auditiva, puede molestar o dañar, pues interfiere de manera importante en la comunicación interpersonal y aumenta los problemas de salud en el trabajo.

La legislación actual en países como México resulta obsoleta en materia de límites máximos permitidos, eso hace que se ponga en entredicho los niveles aceptables a los que día a día como habitantes de las grandes urbes estamos expuestos.

El 80 por ciento de los pobladores del mundo están expuestos a ruido que excede el nivel permitido en las ciudades, por ejemplo, en zonas residenciales de la Ciudad de México lo permitido es 55 decibeles.

Los decibeles es la unidad de medición de sonoridad con la cual se controlan los niveles que pueden afectar a las personas, el sonido comienza a ser molesto a partir de 75 dB, por ejemplo, una aspiradora alcanza 65 dB; un despertador, una lavadora, un teléfono móvil pueden alcanzar los 75. Dentro de una discoteca se alcanzan los 110, un claxon o un concierto de rock se han llegado a medir con 120Db.

La exposición a niveles de ruido intenso provoca pérdida de audición, que si en un principio es recuperable cuando éste termina, con el tiempo pueden volverse irreversible, generando sordera en personas con poca tolerancia a éste.

El ruido puede provocar dificultades para conciliar el sueño y despertar a quienes ya están dormidos. Sonidos con una frecuencia de decibeles mayor a 60 reducen la profundidad del sueño, desatando otro tipo de alteraciones, como puede ser insomnio, mal humor, alteraciones del sistema nervioso y hasta depresión.

Es por eso que actualmente el tener una conciencia sobre los efectos que el ruido provoca en una persona es importante y relevante no solo para las personas en la actualidad, sino para las futuras generaciones que estarán aquí. Entender que algo cotidiano puede comenzar a quitar la paz de las personas y afectar su salud física y emocional ayudará a entender el problema que hasta el día de hoy se ha generado, y que, si no se detiene, se acrecentará.

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