Por Gerardo Pedra

En la entrada pasada nos referimos a la sequía que vivimos en México de marzo de 2022 a octubre de 2025. Parece increíble que justo cuando el gobierno se había propuesto ganar la “soberanía alimentaria”, sin ningún plan real, pero con muchas ganas, el mundo decidió irse en sentido contrario. Es como poner un circo y que te crezcan los enanos, aunque ya no sé si es correcto poner este ejemplo.

Fueron 43 meses de una de las sequías más prolongadas y severas desde que se tiene registro, ahí nada más. En la CDMX esto se podía apreciar en el desfile de pipas que abastecían a los restaurantes de la Roma, Polanco y la Condesa, pero en el campo fue otra cosa. Simplemente se cayó la producción de todo.

Mientras le doy mordidas a un elote cacahuazintle con crema y queso espléndidamente servido por la señora que se pone fuera de la iglesia, te puedo contar que la producción de maíz blanco se cayó de 26.5 millones de toneladas en 2022 a 22.8 millones en 2023. El maíz, ese sin el cual se dice que no hay país, se cayó en 4 millones de toneladas de un año para otro. La cosa se puso tan mal que ya cerrado 2025 no habíamos alcanzado los niveles anteriores. Nuestro cultivo ancestral sufrió tanto porque sigue siendo producido principalmente con riego de temporal, como hace 500 años.

La caída del frijol es más deprimente, se fue de casi un millón de toneladas a poco más de medio millón. Se perdieron infinidad de cosechas en “graneros” tradicionales como los estados de Zacatecas y Durango. Lo mismo sucedió con infinidad de cultivos: el trigo, el sorgo, que a su vez afecta a la ganadería. Al parecer tuvieron que vender mucho ganado joven o mal alimentado, para evitar que se murieran de hambre.

Honestamente, tampoco los cultivos de riego aguantaron: hay que recordar que las presas se fueron a mínimos, y si eso provocó un gran problema para la ciudad de Monterrey, por ejemplo. Recordemos que el gobernador de Nuevo León peleaba dinero y permisos con el gobierno federal para hacer obras de emergencia allá por 2022, pero nunca se dieron detalles de lo que estaba pasando allá en pleno campo.

Y los cultivos que se mantuvieron también se vieron afectados, porque la falta de agua provocó caña de azúcar con menos dulce, aguacates y limones más pequeños, y un largo etcétera.

La llegada de las lluvias en 2025 y (parece) 2026 están ayudando al campo, y a nuestra producción de alimentos, pero no se trata de que nos olvidemos del problema. Las sequías pueden volver, dicen los expertos, tan pronto como en 2027. Lo que hace falta, no sé si lo hayamos podido entender, es usar mejor nuestra agua. Hacer más cultivos de riego, pero incluso llevarlos a tecnología de punta como el riego por goteo. Usar semillas resistentes a la sequía. En fin, existe un Programa Nacional Hídrico, que se propone entre otras cosas combatir el “huachicoleo” de agua, que las autoridades recién dicen haber descubierto.

Desde las ciudades, tenemos que continuar con la educación sobre el buen manejo del agua, evitar el desperdicio. Porque sin ese que los periodistas llaman “el vital líquido” de verdad que no hay país.

No está de más recordar que este mes de agosto el Verano Dany Vasito está dedicado al tema del agua. Consiste en una semana de programación bastante entretenida y educativas para los niños. ¡Las suscripciones son aquí! https://www.facebook.com/DanyVasito

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