Estamos en las rondas finales del  torneo internacional de futbol cuyo nombre dicen que no podemos repetir. No vayan a pensar que queremos ganar dinero con este humilde blog y nos cobren regalías. Esto de la propiedad intelectual es un asunto serio a nivel Mundial.

Lo que es cierto es que tardó mucho en prender el “modo futbol” en México. Siento que nadie lo tuvo en su cabeza hasta el día de la inauguración. Los triunfos del tricolor fueron subiendo la temperatura, lo mismo que la bendita presencia multitudinaria de nuestros hermanos de Colombia, los “galanes” de Corea y los fidelísimos seguidores de Ecuador, que primero daban ternurita, luego dieron muchísimo gusto, y luego terminaron siendo antagonistas.

Veamos cómo continúa la fiebre en México después de ese gran juego en donde perdimos, pero nos fuimos completamente satisfechos con la Selección. Ya entraremos en detalles técnicos mucho más adelante.

Sin embargo, hay otro país del que me encantaría que estuviéramos aprendiendo. Los japoneses (ya también eliminados) y sus hábitos de limpieza total en el estadio. Al parecer, los aficionados que han estado asistiendo a partidos de Japón decidieron conservar esta práctica, que se llama O-Soji (que se pronuncia osoyi, lo cual me induce a pensar que estamos escribiendo a partir de una interpretación del inglés).

En Monterrey, el 20 de junio, los japoneses pidieron 10,000 bolsas de plástico azules para cumplir con su ritual, de “gran limpieza”. Y lo hicieron, metieron toda la basura que pudieron en las bolsas y dejaron el estadio bastante limpio y digno. Ese es un gran habito que valdría la pena promover públicamente. Claro que deberíamos agregarle un moño y usar bolsas de diversos colores para separar de una vez.

Después de ver cómo dejamos Reforma y las inmediaciones del Ángel de la Independencia luego del triunfo contra Chequia, y a la gente arrancando las flores y nadando en el lodo pestilente en plena euforia, me temo que nos va a costar mucho trabajo adoptar una costumbre como ésta.

Hubo un intento medianamente efectivo: el gobierno local de la CDMX sí distribuyó varios miles de bolsas de plástico entre los asistentes a la eliminatoria contra Ecuador. Hay testimonios de gente recogiendo basura, pero este esfuerzo se vio opacado desgraciadamente por los afectados por el tumulto de gente en Reforma.

La otra cuestión es que este muy loable esfuerzo difícilmente ayuda a la economía circular, porque es altamente probable que los materiales reciclables queden contaminados con todo tipo de residuos orgánicos (ni quiero pensar). Pero en fin, hay que apuntar algo importante: el único material contenedor ideal para los residuos, sean orgánicos o inorgánicos, reciclables o compostables, es una bolsa de plástico.

Ojalá el torneo de futbol que estamos viviendo nos deje esta enseñanza de recoger nuestros residuos en eventos masivos. Qué tal que aquí sí nos resulta el “Y si sí”, y aprendemos todos como pueblo mejores hábitos. Ese es otro buen sueño.

Pero si nuestros amigos ecuatorianos se atrevieron a soñar pidiendo aunque sea un gol, y les dieron dos, y contra Alemania, podemos concluir que esta es una temporada en que se vale soñar, invocar el “¿y si sí?” y el “sí se puede”. Qué tal que un día en lugar del grito homofóbico decimos en todo el estadio “Ooooooooooo ¡soyi!” 

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