El 30 de agosto pasado se llevó a cabo el Maratón de la Ciudad de México. Fueron nada menos que 30,000 las almas que arrastraron a sus cuerpos a la línea de salida para correr más de 42 kilómetros en busca –supongo– de romper sus propios límites, de la gloria o de la bolsa de 50,000 dolaritos que se lleva el primer lugar.

            Personalmente, me levanté a tiempo… para saber quién llegó en primer lugar. Fue un peruano, que le ganó a los competidores africanos quienes normalmente dominan en esta disciplina. Lo que le preocupa a cualquiera que vive en la CDMX es si los corredores no se encontraron en el camino con un camioncito de esos que van sembrando de humo negro nuestros pulmones todos los días o una moto de repartidor que rompe los tímpanos.

Parece que no, porque para eso se hace temprano en domingo y cierran las calles mucho antes. Pero hablando de maratones y contaminantes, muy poca gente se enteró de que en México disminuyó el nivel de partículas suspendidas (o partículas microscópicas, PM) que la ley acepta en las ciudades del país. Esto fue el final de un proceso de transición que empezó en 2021, y que sólo sabremos qué tan efectivo está resultando hasta terminados un par de años.

¿Por qué lo digo? Porque si tú eres un corredor de maratones y tu entrenador te dice que vas muy bien corriendo el trayecto en tres horas, es difícil que llegue un día a pedirte que lo hagas en 2 horas con 30. Suponemos que la ciudad ha estado recorriendo este camino como es debido, entrenando cada vez más duro para mejorar sus tiempos. ¿Será?

Como el ancho de un cabello

Para entender sobre estas nuevas metas, hablemos de las partículas suspendidas. La ley establece un límite para el aire en materia en las llamadas PM10 y las PM2.5. El numerito al final del PM significa el tamaño en micrómetros. Por ejemplo, un grano de arena fina mide unos 90 micrómetros y el ancho de un cabello humano es de unos 70.

Las PM10 son polvos, hollín o cenizas, que quedan atrapados en nuestra nariz y garganta, pero las realmente escurridizas son las PM25, tan diminutas que esquivan las defensas de nuestro sistema respiratorio, viajan hasta los alvéolos e incluso se cuelan al torrente sanguíneo. Éstas vienen del escape de los autos, las industrias, los incendios forestales y la pirotecnia de fin de año.

Durante años la normativa mexicana (a través de la NOM-025-SSA1 2014) permitía concentraciones de estas partículas que superan por un amplio margen lo que la ciencia médica recomendaba. La Organización Mundial de la Salud (OMS) lleva décadas advirtiendo sobre el impacto del material particulado en la salud cardiovascular y respiratoria. En respuesta, las autoridades de salud en México establecieron un plan gradual para reducir los límites permisibles en el aire que respiramos.

Así, llegó la NOM-024-SSA1 2021, que movió la portería, digamos. La nueva norma fijó un periodo de transición de 6 años para ir disminuyendo gradualmente el número permisible de partículas suspendidas en el ambiente. En concreto fijó lo siguiente:

ContaminanteConcentración2022-20232024-20252026
PM10(µg/m3)24 h706050
Anual362820
PM2.5(µg/m3)24 h413325
Anual101010

El µg/m3 significa que no pueden encontrarse más de, por ejemplo, 50 microgramos de partículas PM10 en un periodo contínuo de 24 horas.

Este último jalón se dio justo en enero pasado, y eso nos pone ya cerca del nivel ideal que plantea la OMS, pero todavía no ahí.

¿Y está funcionando?

Si los parámetros disminuyeron y no hemos podido disminuir la concentración de PM, el resultado tendrían que ser más contingencias por este motivo. Hasta ahorita no hay información suficiente. Es cierto que el número de contingencias ambientales fue el doble entre enero y junio de 2026 que en 2025; también, que éstas duraron más días, un total de 10 días, contra cinco.

Sin embargo, sólo la primera contingencia se debió a partículas suspendidas como principal motivo, y fue la del 1° de enero, que tradicionalmente amanece así por la cohetiza de Año Nuevo.

A la NOM sobre partículas suspendidas, el gobierno federal le tuvo que sumar cambios a los niveles de ozono, dióxido de azufre y dióxido de nitrógeno, porque algunas de estas sustancias, a parte de malas, son también precursoras de las PM2.5.

Entonces hay más alertas porque las reglas son más estrictas. Para ver cómo va la realidad, veamos el caso de laNOM-174-SEMARNAT-2026, que regula más estrictamente las emisiones contaminantes de los vehículos a diesel “no de carretera”, lo cual tiene que impactar al transporte público y de carga en las ciudades. Pero este cambio acaba de publicarse en abril, y entra en vigor hasta noviembre próximo. Mientras tanto, todos los vehículos que se vendan o importen sin estos estándares no pueden ser afectados.

Así va la carrera entre realidad y normatividad en materia de contaminación del aire en nuestras ciudades. Esperemos que la primera alcance a la segunda, para bien de todos.

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