Por Gerardo Pedra Rocha

Botellita de Jerez, ese grupo de rock que hizo leyenda en los 80 tenía una canción sobre El Santo, el héroe de la lucha libre de los años dorados del cine mexicano. Recuerdo que empezaba con una arenga más o menos así:

“Hay hombres que luchan un día y son buenos
Hay hombres que luchan un año y son mejores
Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos
Pero los hay quienes luchan todos los domingos
Esos son los chidos…”

Voy a tomar esta cita para hacer referencia a los Planes de manejo de residuos que la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) comenzó a pedir hace algunos años a las empresas que son consideradas generadoras de residuos sólidos. Esos planes hoy son una parte importante de la Ley General de Economía Circular (LGEC), publicada a principios de 2026, y que aún nos debe sus reglamentos, que iban a estar para junio, pero no aparecen hasta este mes de octubre.

Actualmente los planes de manejo, de los cuales existe un padrón público, son la única fuente de información sobre la cantidad y clases de residuos sólidos que se generan en el país. Desgraciadamente la información es muy poca, por lo que no sirve para generar una estadística confiable. La única información disponible es la que proviene de los Diagnósticos Básicos de Residuos Sólidos que elabora Semarnat, cuya versión más reciente se publicó en 2026 y que es, en efecto, básico, porque no puede detallar de forma importante el panorama nacional.

Sin estadísticas, hemos reiterado desde hace años, no se puede planificar adecuadamente una economía circular, ya que no hay datos para que las empresas inviertan en el acopio y reciclado de materiales. ¿Cuántas máquinas de procesamiento de un material plástico deben instalarse en una planta, digamos en el Sur de la CDMX, en la periferia de Querétaro, Aguascalientes o Monterrey? ¿Y si queda corta o con capacidad sobrada? ¿Qué tanto costará el traslado? ¿Estará asegurado el abasto?

¿Por qué aún no existen números confiables en el país? Porque en más de una ocasión hemos podido apreciar que el centro de algunos planes de manejo de residuos son campañas temporales de recolección de materiales. Es alentador ver que cada vez más empresas se unen al manejo responsable de residuos sólidos, por supuesto, y en las redes se aprecian campañas muy creativas y vistosas. Sin embargo, la sensación para quienes tenemos 16 años acopiando y manejando residuos de forma constante es que se sigue haciendo muy poco, y muy tarde.

La recaudación de estadísticas para un plan de manejo de residuos debe ser completa y constante, porque así es la generación de residuos en nuestras ciudades. Es preciso que el acopio se lleve a cabo todos los días, de forma constante. Es el siguiente paso al que deben llegar los participantes en esta actividad.

Es lógico también que mantener una operación permanente por cada empresa generadora de residuos resultaría poco viable desde el punto de vista económico. De hecho, es más eficiente trabajar en conjunto, coordinar esfuerzos, eficientar equipos de transporte, lugares de acopio, procesos de tratamiento.

Es muy recomendable crear pequeñas constelaciones de empresas y recolectores, para abrir la posibilidad de unirse en operaciones de mayor tamaño, que abarquen ciudades o estados. Esa es una de las posibilidades que se ha buscado abrir a través del trabajo conjunto entre DART, Recicla Unicel y Rennueva, cuyo plan de manejo de residuos es tan anterior que se hizo de forma voluntaria. Hoy, que los planes son obligatorios, las empresas están entendiendo que deben asignar recursos y talento a este esfuerzo. Sin embargo, deben acelerar el paso.

Es buen momento también para invitar a las Asociaciones de las distintas industrias en donde participan generadores de residuos para trabajar de forma coordinada, lo cual implica necesariamente, para ser realistas, aportar recursos y tiempo. Hay que señalar que no se trata sólo de las industrias de productos de plástico, sino muchas otras, como la industria electrónica y eléctrica, alimentaria, de belleza y salud, restaurantera e incluso de telecomunicaciones, entre otras.

Actualmente ya contamos con una Ley General para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos (LGPGIR), con todo y su Reglamento, así como un legislación avanzada en la CDMX, que tiene su propia Ley de Residuos Sólidos del Distrito Federal, un reglamento a la Ley, y normas ambientales, como:

  • NADF-020 para la producción de composta con buena calidad;
  • NADF-024, para la separación, clasificación, recolección selectiva y almacenamiento de residuos,
  • NADF-012, sobre el manejo integral de grasas y aceites de origen animal o vegetal,
  • NACDMX-010, sobre especificaciones técnicas para bolsas y productos plásticos del mal llamado “un solo uso”
  • NADF-019 para el manejo de equipos eléctricos y electrónicos

Ver el vaso medio lleno en este caso es entender que aproximarse a estos mismos estándares en otras ciudades y estados bien puede apoyar a las empresas para una mejor adopción de una economía circular de carácter nacional. Pero deben coincidir, de favor. Si no se unifican criterios en las leyes locales, la trazabilidad se vuelve una pesadilla de la que nadie podrá despertar.

Es momento de “pelear todos los domingos” como diría Botellita de Jerez y tomar las mejores prácticas en manejo de residuos, para no volver a llegar tarde y lograr muchos mejores resultados con nuestra economía circular.

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