El estimado que ha trascendido a los medios es que el torneo de balompié que se disputa en estos momentos generaría alrededor de 34,000 toneladas adicionales de desechos en el país. La buena noticia es que esta cantidad de residuos debería ser perfectamente manejable, porque en realidad equivale a tres días de generación de la CDMX. También es una ventaja que esta generación de residuos se produce en lugares y momentos especiales, porque debería ser más fácil buscar el desarrollo de conductas diferentes a las que tenemos todos los días.
Vamos a considerar que para la mayoría de los hogares mexicanos, el futbol es fiesta, y una ocasión para verlo en grupos, mientras más, mejor. Si esto sucede en casa, en oficina o en algún otro centro de reunión que no sea público, resulta fácil proponer algunas reglas como parte del festejo. ¿Qué tal un árbitro del futbol?
Imaginemos algunas reglas como las siguientes: la casa o el recinto instala cinco contenedores para separar residuos, bien definidos con un letrero que diga: papel y cartón, vidrio, unicel, PET, latas y orgánicos. El tamaño irá directamente relacionado con la cantidad de personas por reunirse y el volumen de cada residuo.
Durante el encuentro, una persona será designada como el árbitro de los residuos. Luego se darán las instrucciones a los asistentes. Durante toda la duración del partido deberán depositar todos los residuos de lo que estarán consumiendo en los contenedores adecuados. Las botellas de cerveza irán al vidrio, los envases de refresco al PET, las latas con las latas, y así sucesivamente. La otra condición es que todo debe llegar limpio de residuos orgánicos: esto es, comida, para ser explícitos.
En caso de que alguno de los asistentes no cumpla con las reglas, el árbitro silbará y el asistente deberá recibir un castigo. Ya dejamos a la mente creativa de la gente cuál será ese castigo, o bien un premio para quien acumule menos faltas. Quizá el mayor infractor puede ser víctima de un penal, lo que significaría hacerse cargo de alguna vianda para el partido siguiente, o qué tal llevarse todo al centro de acopio.
En lugares públicos, las reglas son otras. Cuando se trata de restaurantes y bares, el establecimiento tiene el control de lo que sucede con los residuos en general. El flujo extra de alimentos y bebidas seguramente será controlable, por lo que es importante comunicar a los dueños de los establecimientos que busquen los canales más eficientes para reciclar.
Tanto en fiestas privadas como en restaurantes, es cierto que el sistema de limpia del municipio es la primera opción para entregar residuos. En este caso, entregar el producto debidamente separado y limpio promueve una mejor cadena de reciclaje, no óptima, pero sí mejor. Pero siempre está la opción de llevar materiales directamente a los centros de acopio, de los cuales hay cada vez más en las ciudades mexicanas.
El punto clave serán los estadios: aquí es donde se decide la suerte de varias toneladas de residuos. Ojalá nos hubiéramos tomado el tiempo para elevar la actitud de los asistentes a una “estatura global”. Una buena campaña de comunicación pudiera centrar un precedente importante para mejorar nuestra cultura en los estadios. Pero bueno, nos contentamos con que una buena cantidad de personas deposite sus residuos en los contenedores adecuados, y que se puedan cumplir los objetivos de materiales reciclables, que se plantearon para la CDMX, Monterrey y Guadalajara.
La observación que siempre hay que hacer es que para variar no hay metas en recopilación de unicel, cuando es un material claramente reciclable y manejable. En fin, el torneo de balompié debiera ser un momento para que brillara nuestra cultura de economía circular. Tendrá que ser para la siguiente.
